«Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos»       -Jacinto Benavente-

No disponemos aún, de un cuerpo de conocimiento científico acerca del mal y de la maldad humana. Pero todos hemos visto y sentido, actos claros de maldad tanto cercanos como lejanos. Así que no parece ningún invento, ¿verdad?. La maldad y el mal en la especie humana son demasiado importantes y suponen una realidad demasiado extensa en nuestro día a día (mobbing, bullying, infidelidades, deslealtades, actos criminales, engaños, estafas, amigos de lo ajeno, trepas, abusadores …) que bien merece la pena su estudio y dedicación por los estragos que ocasiona. Los actos de maldad, no pueden ser comprensibles, además, desde una sola perspectiva o marco de referencia.

¿Podemos decir que la gente es buena por naturaleza?

No, siento decirlo así de contundente.

No todo el mundo es bueno. Hay personas que eligen ser malvados y disfrutan siendo así

A algunos seres humanos les gusta ser malvados y además, se unen entre ellos, formando grupos perversos. ¿Será lo que han aprendido en su infancia y entorno?. Algunos son maestros y profesionales de la maldad. ¿Años de práctica y damnificados?. Creen que así sacarán más rédito en sus vacías y oscuras vidas. A veces, es así, otras muchas no y a largo plazo difícilmente. Depende, si algún valiente, les confronta y depende, de las consecuencias o sanciones que se ganen.

 Vemos muchas veces que ser malo es muy popular. ¿Estamos reforzando a estos seres?

Uno de los errores más caros de las víctimas de los amores y relaciones tóxicas es creer que todo el mundo es bueno

Hay que dejar de creer que todos los demás seres humanos del planeta funcionan con la misma lógica ética y moral. Esta falsa creencia tiene graves consecuencias en las relaciones amorosas y en las relaciones humanas en general.

Acepta que hay personas que tienen un desorden que afecta a su comportamiento ético y moral y actúa en consecuencia

La actividad ética requiere tanto el conocimiento como la aceptación de los códigos morales y sociales propios del lugar donde se vive. Y desde luego, el sujeto ha de ser capaz de aplicar esos códigos en la vida diaria. La persona aprende a ser un “ser moral” cuando practica esa virtud de modo cotidiano en su ambiente. Si la predica pero no la practica, entonces no es un ser moral ni ético.

Los psicópatas, seres peculiares, por ejemplo, carecen de la capacidad para comprender el sentido ético y moral de un acto y hay mucho psicópata subclínico o integrado a nuestro alrededor. En torno al 13%.

Según el eminente psiquiatra Scott Peck, la personalidad maligna o malvada se caracteriza por la obsesión en aniquilar y destruir todo aquello que se manifiesta en los demás como pleno, realizado, feliz, vital o rebosante de plenitud existencial.

Este tipo de individuos perversos, ha desarrollado una serie de atribuciones éticas negativas por alguna razón.  Ellos ya se consideran interiormente malvados o perversos. 

El secreto mejor guardado

La persona malvada sabe que lo es y mantiene muy bien su secreto. Es el secreto mejor guardado.

Esta forma de ser y de estar en el mundo, percibe y vive las conductas benevolentes, confiadas o positivas de los demás como una amenaza. Una amenaza hacia ellos y hacia lo que son. Es como si algo les chirriara en su cabeza y no soportaran ver a una persona tan diferente a ellos.

En las malas personas, la benevolencia y bondad de los demás, les lleva a una disonancia cognitiva que les impulsa a sacrificarlos. Así reducen esa disonancia mental tan molesta  y preservan su autoimagen.

Es como si les diera coraje ver buenas personas a su alrededor. Destruir a las buenas personas es su principal cometido. Así no hay pruebas que delaten su perversidad.

La personalidad malvada utiliza su poder para aniquilar el crecimiento humano y espiritual de los demás, con el propósito de preservar y defender la integridad de su propia personalidad enfermiza.

Desde luego, su objetivo es lícito en el sentido de su supervivencia. Saben muy bien sobrevivir, debido a su egoísmo, egocentrismo y falta de escrúpulos. Somos los demás los que tenemos que verlos venir y ponerles límites para que no abusen de nuestra bondad e ingenuidad.

La personalidad malvada, puede constituir una auténtica patología mental, espiritual y/o ética, que desde luego, se sitúa al margen de la normalidad.

Mientras que la mayoría de la gente es consciente de lo que está bien y mal, las personalidades malignas o malvadas niegan de manera activa esta conciencia. Son inconscientes en este aspecto.

Los personas malvadas, tratan de escapar y esconderse de su propia conciencia, para no tener que enfrentarse con la realidad que les devuelve la imagen clara de cómo son. No quieren saber que son seres perversos, sería demasiado duro de aceptar y son incapaces de reconocerlo.

Viven en un persistente y consciente autoengaño, con intención de evitar la culpa y mantener una imagen de perfección, grandiosidad y merecimiento.

La clave está en que son capaces de engañar a los demás como consecuencia de su propio autoengaño consciente.

Engañan muy bien y es difícil delatarlos puesto que al creerse sus propias mentiras, en realidad, no nos están mintiendo y por tanto, no captamos la mentira.  Al final y para colmo, se nos presentan como seres normales e incluso bastante perfectos, siendo muchos de ellos hasta admirados.

Proyectan sus maldades y pecados sobre objetivos muy concretos, cabezas de turco, personas inocentes y con poco poder, mientras se muestran aparentemente normales ante los demás. Es decir, estas «personas peculiares» al cometer actos de maldad, se la atribuyen al «vecino, compañero, pareja, hermano, cuñado/a…», y luego van de adalid de la verdad y/o de la moral. La jugada perfecta. Los espectadores de este tipo de jugadas, culpan pues al inocente.

La mayoría de los malvados se dan cuenta del mal profundo que hay dentro de sí mismos, pero son incapaces de tolerar el dolor de la introspección o de admitirse a sí mismos que son malas personas.

Como hay de todo, algunos por llamar la atención y tener su minuto de gloria, se jactan de sus maldades e incluso presumen con videos y demás, y aquí si que se les pilla fácilmente.

Las personas tóxicas continuamente huyen de la revelación de su propia maldad a base de situarse en una posición de superioridad moral y poner el foco del mal en los demás.

¿Se elige ser malo o es genético?

El mal surge de una libre elección, no de un condicionamiento implacable o genético. Hay libre albedrío para elegir el bien o elegir el mal.

Cada persona se encuentra en su vida en una encrucijada, cada quién elige de entre 2 alternativas:

  1. El camino que conduce a Dios y/o el bien.
  2. El camino que conduce al Diablo y/o el mal.

El camino del bien o de Dios es el correcto, dirigido al bien propio y al de los demás; dirigido a aportar, a construir y a no hacer daño deliberado ni ejercer sufrimientos a los otros.  La aceptación de este camino es similar a la sumisión a un poder superior. Pero las personas malvadas están por así decirlo, poseídas por el mal, no son el mal en sí mismas. Estas personas no tienen límites ni se acogen a ninguna regla ética ni poder superior,  aunque aparenten otra cosa, por eso son peligrosos.

   ¿Se curan, cambian las personas perversas?

La rehabilitación o cura de una persona malvada, es casi imposible porque exigiría del uso de su libre albedrío para salir del orgullo de su falso yo y del equilibrio perverso que suelen conseguir a base de victimizar a aquellos a quienes intentan convertir en sus chivos expiatorios.

 

 

10 signos para saber si estás con una mala persona 

Según Peck, hay 10 características de una personalidad malvada.

  1. Se autoengaña conscientemente, con la intención de evitar la culpabilidad y mantener una imagen de perfección.
  2. Engaña a los otros como consecuencia de su propio autoengaño, de forma deliberada y consciente.
  3. Proyecta su maldad y sus malas acciones contra ciertos objetivos específicos, mientras aparece como alguien normal ante el resto del mundo.
  4. Habitualmente odia, bajo el disfraz del amor, con vistas a autoengañarse, a engañar y a manipular mas eficazmente a los demás.
  5. Abusa de su poder personal, emocional, jerárquico o político, imponiendo su voluntad sobre los demás, mediante la coacción encubierta.
  6. Mantiene un alto grado de respetabilidad social y miente incesantemente para mantener esa imagen a toda costa.
  7. Su comportamiento es coherente y consistente con su maldad. Las personas malvadas se caracterizan no tanto, por la magnitud de sus crímenes o delitos, sino por la consistencia y constancia de su destructividad.

Matizar que no todos los  seres malvados/as actúan así con todo su alrededor. Centran su foco con determinadas personas objetivo, los que se alejan de sus intereses egoístas y maquiavélicos. Se ha estudiado que los psicópatas integrados o normalizados, destruyen en torno a 60 personas a lo largo de su vida y con distintos grados de destructividad. O sea, que puedes toparte o convivir con un psicópata integrado en tu vida y tener la enorme suerte de no ser objetivo de su maldad o de no ocasionarte alto grado de destructividad.

  1. Carece de empatía. No es capaz de colocarse en el lugar o punto de vista de sus víctimas.
  2. Tiene una profunda y oculta intolerancia a cualquier forma de crítica o a otras formas de herida narcisista. Reacciona con rabia, ira y ataques personales cuando alguien amenaza esa imagen.
  3. Se da cuenta del mal que anida dentro de él/ella, pero es incapaz de tolerar el dolor de la introspección y de admitir que es malvada/o. Así, huye de su propia maldad colocándose en una posición de superioridad moral y proyectando el mal que sabe que tiene, en los demás.

Aunque parece que dibujemos un perfil de película,  la realidad supera la ficción, como todo el mundo sabe.

Las personas tóxicas actúan como si casi estuvieras eliminada/o, intentando convertirte en una especie de esclavo.  Además, son incansables, persisten en conseguir su perverso objetivo. Intentan convertirte en una persona esclavizada, débil, sumisa/o, sin ningún poder ni decisión, para así ellos destacar, brillar, ser alabados, admirados y aplaudidos. Bueno, en definitiva es el perfil, de lo que viene siendo, la imagen que todos tenemos de un demonio.

 

 

Bibiografía:

-El psicópata. Garrido, V. (2016)

-Amor Zero. Piñuel, I. (2016)

-Imágenes: Pinterest, Shutterstock, freepik, istockphoto, clipart, 123rf, Flaticon.

Maribel Paz

Maribel Paz

 

Psicóloga de Adultos y Parejas en Madrid.
Especialista en Terapia Infantil y Adolescente

 

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